Articulos Asociemonos!


Publicado en 2013-11-08



Una, que nunca se tuvo por demasiado lista, hace tiempo que ha renunciado a entender un montón de cosas: los Presupuestos del Estado, los acuerdos pesqueros, la distensión entre las grandes potencias…
Sinceramente, una, en su cortedad, se pierde. Le da la impresión de que le toman el pelo, que hoy se dice una cosa y mañana la contraria.

Y cosa sorprendente, con el mismo aplomo ¿Podrá algo ser verde y negro al mismo tiempo?.

En ésta “Operación Renuncia”  a veces una ha llegado a pensar que lo que pasa es que es tonta del todo. Por eso, cuando una se encuentra con una amiga que esta en parecida situación se reconforta y hasta parece que se anima algo. ¡Ya no estoy sola! Y sinceramente, eso ayuda mucho. En fin, que una se queda como más tranquila.
Ahora bien, a lo que una no puede renunciar es a entender los pequeños temas, esos que ocupan la mayor parte del tiempo de cada día. Y ahí tampoco se entiende nada: todo sube (y de que manera), se vive con la sensación de miedo, que eso de que le atraquen o le den el tirón ya es habitual. La televisión es aburrida y así podría seguir… ¡Vaya panorama y que cantidad de problemas que ni enumero!

Bien esta que no entienda los grandes temas, ¡qué le vamos a  hacer!, será que no llego. Pese a que no entienda los grandes números, ¿paciencia?, será que son sólo para listos.  Pero oiga, los temas habituales y las pequeñas cifras de la economía familiar, esas si que tengo derecho a entenderlas, y creo que hasta podría. Pues ni esas.

Tal vez hay que buscar soluciones heroicas. Aún quedan islas vacías en La Polinesia. También hay desiertos deshabitados. Dentro de nada habrá colonias en el espacio…. Y descontando estas soluciones drásticas, ¿que nos queda?, pues algo si  dede haber. ¿Por ejemplo? Pues patalee usted ¿ Y que más? Someterse al proceso de hibernación. La verdad es que no acaban de convencer ni unas ni otras.

Una le ha dado muchas vueltas al tema y cree haber encontrado la verdadera solución. No crean que no ha costado. Pero al fin, una ha respirado tranquila ¡Ya está!, ¡ Lo tengo! ¡Por
fin!

Verán ustedes, una va a fundar una Asociación de Perplejos.
Legalizados y todo. Con todas las venias y bendiciones necesarias. Usted se adhiere, se inscribe, se le da el carné y cuando tenga todo en regla, ya está: se “aperpleja”. Así después de esas
 charlas interminables en las que se habla de todo lo que va mal. Es decir de todo lo habido y por haber y su interlocutor pregunta con voz pesarosa ¿Y que hacemos? Usted responde: Yo, Aperplejarme.

Y cuando la Asociación tenga muchos miembros, tal vez no estemos en  el Mercado Común ni hayamos arreglado lo de Gibraltar, etc., etc., etc., ni hayamos aumentado la renta “per cápita” pero seremos el país de Europa y quien sabe si del mundo, con más número de perplejo. ¿Y luego? Pues la cosa está clara: a ¡ Exportar!